La financiación de la rehabilitación, un compromiso colectivo para el futuro del país
España se encuentra ante un reto histórico: transformar un parque de viviendas envejecido —más del 80% construido antes de 1980— en un entorno más eficiente, sostenible y saludable. La rehabilitación residencial no es solo una obligación derivada de los compromisos europeos, sino una oportunidad para mejorar la calidad de vida de millones de ciudadanos, dinamizar la economía y avanzar hacia la neutralidad climática. El objetivo fijado por Europa y ratificado por el Gobierno español es claro: rehabilitar 1.377.000 viviendas antes de 2030. Un desafío ambicioso, pero alcanzable si todos los agentes implicados —Administraciones públicas, entidades financieras y ciudadanía— colaboran de forma decidida y facilitan y extienden fórmulas de financiación para esta labor de país.
El secretario de Estado de Vivienda, David Lucas, recordaba recientemente en la jornada Rehavita 2025, organizada por UCI que “España cumplirá con los objetivos europeos marcados para 2030”. Sin embargo, también reconocía la complejidad urbanística del país, donde predominan los edificios en altura y, con ello, la dificultad de poner de acuerdo a comunidades enteras de propietarios. Este obstáculo, unido al desconocimiento generalizado de las ayudas públicas, frena el ritmo de las actuaciones.
En UCI creemos que es esencial democratizar el acceso a la información y a la financiación. Solo así podrá alcanzarse una verdadera ola de renovación urbana. Las ayudas públicas son necesarias, pero insuficientes si no se articulan mecanismos complementarios que permitan a los propietarios afrontar el resto de la inversión de forma asequible y sostenible en el tiempo.
La financiación privada puede y debe ser un motor para empresas, técnicos y administraciones, facilitando actuaciones globales y viables, y canalizando políticas públicas. Para los ciudadanos, debe ser el aliado que hace realidad sus proyectos con soluciones accesibles, con herramientas que respondan a la complejidad de estos procesos, acercando a las comunidades de propietarios una financiación que tiene un enfoque colectivo, y que este es compatible con ser una financiación sencilla y adaptada.
En este contexto, la colaboración público-privada se presenta como el pilar que hará posible la transformación del parque residencial. De hecho, el presidente del ICO, Manuel Illueca, destacaba la importancia de combinar instrumentos reembolsables y no reembolsables para dar viabilidad a los proyectos de vivienda y alquiler social, subrayando que “estas fórmulas cambiarán el escenario actual completamente y dinamizarán el sector al aportar seguridad jurídica”. Desde UCI compartimos plenamente esta visión: la alianza entre los distintos agentes del sector permite ofrecer productos de financiación verde, asesoramiento técnico, acompañamiento durante la ejecución del proyecto y soluciones integrales adaptadas a cada comunidad de vecinos y que son diferenciales para el auge de la rehabilitación en nuestro país. Es decir, el éxito de la rehabilitación no pasa solo por disponer de fondos, sino por facilitar su ejecución de forma ágil, coordinada y transparente.
Esta tercera edición del foro Rehavita ha evidenciado que la conciencia ciudadana sobre la importancia de la rehabilitación y su financiación está creciendo. Cada vez más personas comprenden que mejorar la eficiencia energética de su vivienda no solo reduce la factura eléctrica, sino que incrementa el confort, la salud y el valor del inmueble. Y es que una vivienda eficiente evita enfermedades, reduce costes sanitarios y combate la pobreza energética, entre otras situaciones. Aun así, este cambio de mentalidad requiere continuidad y pedagogía. La rehabilitación debe entenderse como un proceso colectivo, una inversión en bienestar presente y futuro.
Sin duda, el fin de los fondos Next Generation en 2026 y la aprobación del nuevo Plan Nacional de Rehabilitación para transponer la Directiva Europea de Eficiencia Energética (EPBD) van a marcar un punto de inflexión en la financiación de la rehabilitación. Pero más allá de estos plazos y programas, España necesita consolidar un ecosistema estable y continuado que incentive la inversión privada y la participación ciudadana. El reto es mayúsculo, pero también lo es la oportunidad. La rehabilitación no debe verse como un gasto, sino como una inversión en resiliencia, empleo y calidad de vida. Desde UCI seguiremos impulsando soluciones de financiación innovadoras que hagan posible que cada vivienda en España pueda tener la oportunidad de rehabilitarse de forma asequible.
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