El problema de los costes de construir: El BEDEC como monitor del impacto de la inflación en el proyecto
El conjunto de la economía está atravesando un episodio de alta inflación, y el sector de la construcción no es una excepción. Las consecuencias se están amplificando porque la mayoría de las licitaciones y contratos se han realizado dando por supuesto el escenario de mínima inflación de los últimos años. La metodología BEDEC de actualización continuada permite trasladar al proyecto y a la obra la realidad del mercado en cada momento. Con esto no evitamos cambios drásticos en los precios, pero si evitamos que cojan desprevenidos a los promotores y las constructoras.
El sector deja atrás unos años de bastante estabilidad en los costes de construir, cosa que había contribuido a fomentar la percepción que, como en la mayoría de los otros sectores de la economía, la inflación se había convertido en un fenómeno del pasado. Esta placidez empezó a perturbarse en el último trimestre del 2020, pero en un principio parecía que esto sería otra distorsión transitoria a remolque de la pandemia. En el primer trimestre del 2021, cuando la escalada de precios llegó también al mercado de la energía, el problema cogió una nueva dimensión, dado que se estaban castigando simultáneamente los costes de producción y los costes de logística.
Todo el mundo aceptó que estábamos pagando por la lentitud de la puesta en marcha de la industria después de la primera alarma por el coronavirus (altos hornos parados, etc.). También admitimos que se habían formado colas de demanda de materias primas, y en estas colas iban por delante países como China y EEUU, hacia donde se estaba derivando buena parte de la producción. Y en el caso concreto del mercado de la construcción, debemos tener en cuenta que antes de la irrupción del coronavirus, bastantes países europeos se encaminaban a batir récords de volumen de obra de antes de la crisis financiera y, por lo tanto, la demanda de materiales de construcción en estos mercados se encontraba también en máximos históricos. Esto ha hecho que los stocks se gastasen muy rápidamente y ha contribuido a la escasez de algunos suministros clave y a la espiral generalizada de precios que todavía estamos sufriendo.
Durante el 2021 las autoridades financieras insistieron mucho en el mensaje de que la estabilización de precios llegaría en el segundo trimestre del año que hemos empezado. No había motivos para pensar que los precios de la construcción se descolgaran de este calendario. Pero, conforme hemos entrado en el 2022, el discurso oficial sobre el final de la inflación ha derivado hacia un escenario de más duración. Las últimas esperanzas de que los precios se estabilicen a corto plazo se han acabado desvaneciendo con la invasión de Ucrania.
Tal y como hemos comentado, el sector no esperaba el estallido de la inflación, de modo que ha cogido desprevenidos a un gran número de actores a lo largo de toda la cadena de valor. En el ITeC nos ha cogido con los deberes hechos, en el segundo año de funcionamiento de un nuevo sistema de gestión de nuestra base de datos BEDEC, con el que los prescriptores pueden actualizar de una manera dinámica los datos de los materiales que intervienen en el presupuesto. Como los precios forman parte de estos paquetes de datos, significa que los pueden poner al día cada vez que lo crean conveniente.
La frecuencia tradicional de actualización de los precios en el banco BEDEC era cuatrimestral para el conjunto de productos que llamamos materiales principales, que son los que repercuten en el presupuesto de la obra en una horquilla que fluctúa entre el 60 y el 80%, dependiendo de si estamos en un contexto de edificación o ingeniería civil. Desde abril del 2021, este ritmo cuatrimestral de actualización ha pasado a ser mensual. En la práctica esto supone que si un usuario consulta hoy el precio de un material principal, el BEDEC le muestra, en el caso más favorable, el precio vigente en esta misma semana, y en el caso más desfavorable, el precio de hace solo cuatro semanas.
Este sistema nos ha permitido constatar que el mercado de los materiales de construcción no ha trasladado de inmediato a los precios los incrementos de las materias primas, tal y como se refleja en algunas tarifas de fabricantes que se han mantenido estables. Para poner un caso concreto, el precio del hormigón a lo largo del 2021 ha estado bastante estancado, aunque a principios del 2022 ha iniciado una cierta subida. Pero el contraste con el otro extremo del espectro de la inflación es muy grande. Centrándonos en los materiales principales de consumo más frecuente, el acero y el cobre han subido entre un 40 – 50% durante el año 2021 y la madera entre un 20 – 30%. Dentro de una horquilla entre el 10 – 15% tenemos una lista substancial en la que encontramos aluminio, betún, cristales, tubos de polietileno, pinturas y materiales cerámicos.
Unas subidas de esta magnitud, por mucho que estén circunscritas a unos determinados materiales, no pasan desapercibidas. Las repercusiones más visibles son los parones de las obras, ya que en algunos casos el hecho de continuar la ejecución con los precios ofertados tiempo atrás, en el momento de la licitación, producen un incremento de costo superior al que supone la ejecución de las garantías. Otros promotores se están planteando retardar el inicio de las obras hasta que los precios no entren en una fase más estable.
En sentido estricto, la causa de estos parones, retrasos o licitaciones desiertas no es solo la inflación de los costos de construir, sino que los procedimientos de licitación y contratación pública aún asumen un entorno de mínima inflación como el que ha sido habitual en los últimos años. Diferentes colectivos del sector construcción ya han reclamado una solución que saque el excesivo blindaje del promotor público. La reacción del Ministerio no se ha producido hasta el inicio de marzo, en forma de Decreto-Ley con medidas para revisar los precios en los contratos públicos de obras promovidas por los órganos estatales y por las comunidades autónomas que voluntariamente así lo acuerden. Las patronales del sector no lo han recibido con entusiasmo: creen que será poco efectivo porque el criterio de compensación es excesivamente restrictivo, y en la práctica un gran número de contratos quedaran sin posibilidad de reclamar.
Los mercados de la edificación y de las infraestructuras están en peligro de sufrir un serio impacto. Si lo miramos con una perspectiva general, preocupa que el encarecimiento de los materiales obstaculice la recuperación, justo ahora que nos congratulábamos de la intensidad con la que estaba volviendo la demanda de la construcción, pública y privada. Si nos lo miramos con los ojos de las empresas constructoras, preocupa que sean ellas las que tengan que absorber los sobrecostes. Sería una lástima desaprovechar la actual ventana de oportunidad para el sector solo porque alguien no se atreve a ofertar obra por el miedo a no poder trasladar el encarecimiento de los materiales. Es comprensible que determinados promotores, particularmente públicos, muestren recelos a contratar sin haber dejado absolutamente ligado el precio, porque perciben un riesgo de que se haga un mal uso de estas cláusulas de revisión. Pero es un riesgo que se puede minimizar si se aceptara trazar la evolución de los precios con las herramientas que proporciona la base de datos dinámica BEDEC.
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